Volver


Después de unos meses de absoluta intensidad, de días y días sintiéndome bloqueada, sobrepasada y más fuera que dentro... necesitaba tranquilidad y silencio para volver a la normalidad, para reconectar conmigo y con los demás, para saborear y celebrar todos esos esfuerzos que han dado sus frutos, pero sobre todo: para que todo aquello que parecía haber dejado de tener sentido, fuese recuperando su sitio, volviendo a encajar. La presión de nuevas responsabilidades en un trabajo que me apasiona pero para el que nunca me siento suficientemente preparada y de un proyecto final de máster que me robó muchas -demasiadas- horas de sueño, se sumó la autoexigencia que me es propia por naturaleza y me fui haciendo cada vez más y más pequeña, hasta llegar a sentir que el mundo me venía grande, inmenso. Y de pronto, cuando todo pasó, me encontré como quién sale a la superfície tras ser engullido por una ola inesperada: llenando los pulmones de nuevo con cierta prisa y sin saber muy bien dónde me encontraba, incapaz de recordar en qué momento se desencadenó tal revuelo. Una vez más, la vida recordándome que su esencia es el cambio; un hilo invisible que se enreda y desenreda infinitas veces, un trayecto que, por mucho que pretendamos, nunca será seguro, estable o recto. Y otras tantas lecciones mal aprendidas... como la importancia de respetar nuestros ritmos y darnos tiempo para andar nuestro propio camino o la necesidad de aceptar que lo hacemos lo mejor que podemos en cada momento y que eso, aunque demasiado a menudo se nos olvide, es siempre más que suficiente.