Últimos despertares del año


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Esta mañana, por primera vez en mucho tiempo, por unos momentos, he sentido que el reloj no existía y las horas se dilataban mientras escribía unas líneas en mi cuaderno y hacía balance de este año que, en apenas unos días, se acaba. Un año en el que he comprendido que el mundo entero está en nosotros mismos, que la vida son todas esas historias que nos contamos y la forma en qué nos tratamos; ese relato que vamos tejiendo día tras día para explicarnos lo que ocurre dentro y fuera. La mía, mi vida, de un tiempo a esta parte ha estado repleta de (r)evoluciones, contrastes y cambios constantes, de nuevas rutinas, caminos y horizontes, de un vaivén incesante con el que he aprendindo a confiar en lugar de huir. Ilusión y miedo han ido de la mano mientras abría puertas que aún no sé hacia donde me llevarán, mientras volvía a comenzar una y otra vez, y luego otra vez más.Llego al final con cierto cansancio por su intensidad, pero feliz, tremendamente feliz. Por las experiencias y aprendizajes de todos estos meses, por sentirme cada vez más cerca de encontrar mi camino, por andar los primeros pasos hacia nuevos sueños y saberme rodeada de personas que creen en mí. Gracias por seguir aquí, al otro lado, un año más; acompañándome en mis reflexiones en voz alta, en mis etapas, en mis esfuerzos, en mis ganas. Aunque, después de todo, la vida no siempre pueda explicarse con palabras. Aunque a veces sólo nos pida estar más presentes y agradecer la suerte de estar aquí, ahora. Nada menos, nada más.