(R)evolución constante


4 de mayo,

Este año está siendo diferente en muchos sentidos. Desde el pasado verano, mis semanas tienen un ritmo muy distinto al que estaba acostumbrada. En ellas, trato de encajar todo lo que forma parte de mi día a día, de mis hábitos, de mis rutinas. Busco un equilibrio y el tiempo necesario para dedicarme a cada una de esas partes, a cada una de esas facetas, intuyendo que hay muchas más esperando, pacientes, llegar a ser descubiertas... Aunque tengo libertad para decidir cómo quiero que sean la mayor parte de mis días, reconozco que no ha sido fácil acostumbrarme a ello. Aún hay veces en las que me descubro creyendo que todo está siendo demasiado lento, que apenas estoy avanzando; momentos en las que no sé bien cómo hacerlo, en los que me invaden la intranquilidad de no tener un camino marcado y el miedo al pensar si estaré perdiendo el tiempo o no haciendo suficiente. Se ha abierto ante mí una hoja en blanco y creo que eso es lo que más me asusta: ese silencio, ese espacio por llenar, sentir que todo está por escribir. Y sé que es una suerte. Mucha. Así que trato de calmar esa voz que se sumerje en una búsqueda de orden y control sin sentido, me recuerdo que estoy donde debo estar y me permito disfrutar de esta oportunidad. De bajar el ritmo, descansar la mente y tomar un respiro, aunque sólo sea por un tiempo, por primera vez.

19 de mayo,

De algún modo, lo intuía. No sabía cómo, pero podía intuir que lo que se suponía un año de más calma, bajar el ritmo y hacer menos, acabaría convirtiéndose, tarde o temprano, en una nueva revolución. La continuación de esa búsqueda que en realidad nunca acaba; nuevas rutinas, caminos y horizontes con los que seguir aprendiendo, creciendo, volviendo a empezar. Eso, justo eso, están siendo estas semanas. Esta vez, eso sí, con la certeza de que dejarse guiar por la intuición, por eso que sentimos en lo más profundo aunque no lo sepamos explicar, es siempre la mejor opción. Quizá lo que no tengo tan claro, ahora que vuelvo a tener menos tiempo, es hacia dónde va este proyecto. Supongo que como con todo lo demás, lo mejor será seguir fluyendo y dejar que este espacio siga siendo lo que es: un diario personal, un cuaderno abierto, un lugar que cambia conmigo... sin más. Aunque haya días en los que no encuentre el tiempo o las ganas para coger la cámara; aunque a veces las letras se enreden, las frases no salgan y el papel quede en blanco, vacío. Y mientras, aceptar ese silencio, reencontrar el ritmo y adaptarme a un nuevo compás para que todo vuelva, poco a poco, a ponerse en su lugar. Una vez más.

5 de junio,

Después de varias semanas aprendiendo a caminar a otro ritmo, acostubrándome a nuevas rutinas y echando de menos algunas otras, cuando creía que la calma había llegado para quedarse por lo menos por un tiempo... he vuelto a sorprenderme con un nuevo giro. Ese cambio que no esperaba hasta dentro de unos meses se ha adelantado y guiándome sin que me dé cuenta, la vida me ha dado ese empujón que, en realidad, tanto necesitaba. Dejando a un lado lo que esperaba y rindiéndome a lo que se va sucediendo a mi alrededor en medio de este vaivén que parece no acabar, trato de encontrar el equilibrio de nuevo buscando un momento para escribir... Hace unos días empecé mi camino en esa profesión que siento que está hecha a mi medida y aunque nervios, inseguridad, incertidumbre y temor a nos estar a la altura se entremezclan de forma constante desde el primer momento, sé que me iré situando de nuevo y que la ilusión de poder tender la mano a quienes me necesitan y la magia ser testigo de los esfuerzos, progresos y logros de las personas a las que acompaño, estará, siempre, por encima de cualquier miedo.

4 de agosto,

Hace unas semanas ― casi dos meses, en realidad ― escribía sobre una nueva etapa en este camino de (r)evolución constante. Empezaba a trabajar antes de lo previsto, sin apenas experiencia y llena de incertidumbres, temores e inseguridad, pero también de ilusión y ganas. Muchas ganas. De hacer frente al reto de escuchar y acompañar a todas esas personas a las que ahora tengo la oportunidad de ayudar. De seguir aprendiendo y hacerlo tan bien como esté en mis manos en cada momento. De manejar mis miedos, dudar menos, confiar más. Y aunque ya voy acostumbrándome a estos cambios de ritmo, a este acelerar y desacelerar, reconozco que tenía ganas de encontrar un momento de silencio para mí: para pensar, reposar lo vivido, asimilar lo aprendido y volver a escribir. Para recuperar la estabilidad después de semanas llenas de incontables primeras veces, descubriendo que esta profesión que tanto me llena es, sin lugar a dudas, mucho más compleja de lo que cuatro años de universidad pudieron hacerme intuír. Para ver que ésto es, inevitablemente, el principio de un nuevo comienzo. Pero que sigaeste perfecto caos, que siga si es para hacerme seguir avanzando, creciendo y sintiéndome, a cada paso, más feliz.