Veintitrés febreros


A finales de diciembre, antes de que acabase el año, estuve pensando en todas esas cosas que me gustaría hacer más y en esas otras que desearía cambiar, dejar atrás... En la vida de cada uno, hay ciertas situaciones en las que encontramos mayor comodidad. Nos sentimos más seguros con lo que nos resulta familiar y nos movemos con más confianza entre aquello que sabemos con certeza, aquello que creemos inalterable, todo aquello que hemos ido conviertiendo en nuestro particular refugio... No es fácil hacer frente al miedo que nos invade cuando dejamos atrás lo que nos hace sentir a salvo, protegidos; cuando nos alejamos de lo que mejor conocemos. No es fácil, pero vale la pena.

Siempre vale la pena esa pérdida de la estabilidad al intentar algo nuevo, ese sentirse extraño e incómodo, esa confusión que nos descompone pero nos hace sentir vivos... Cuando nos armamos de valor para andar un paso más, para ir hacia aquello que tememos; cuando nos atrevemos a seguir de todos modos, a pesar de las dificultades, las dudas y esos temores que a menudo nosotros mismos construímos, ocurre algo mágico. Y es que crecemos. Crecemos cuando nos permitimos vivir la vida que deseamos, la que nos hace sentir completos; aunque nos acerquemos a ella a un ritmo sosegado, con cambios graduales, tan mínimos que puedan resultar imperceptibles para quienes nos rodean.

Desde hace un tiempo, tengo la sensación de que algo se acerca. No puedo determinar cuándo ni cómo, pero sé que pronto lo hará y será, sin lugar a dudas, resultado de invisibles atrevimientos, de pequeños pasos dados con sigilo a pesar del miedo. Así es como, de forma sutil y discreta, tras aprender mucho sobre mí y un poco sobre lo volátil de la vida, las sombras han ido convirtiéndose en luz. Una claridad que hacía tiempo que no veía, destellos de esperanza que me ordenan, una alegría silenciosa, tranquila, que me hace sentir un poco más viva. Aun con prudencia y cierto temor a equivocarme, algo me dice que esta vez es la definitiva, que por fin ha llegado el momento de salir de esa espiral que me hacía sentir desorientada, perdida.

Fuerza, aliento, bailes de sueños; nuevos horizontes y perspectivas, energías renovadas, el resurgir de las ganas. Sentir, en este día en que cumplo veintitrés febreros, que estoy encontrando mi lugar. Como si algo dentro de mí estuviese rebrotando con avidez, con garra; como si mi alma estuviera renaciendo, volviendo a florecer con firmeza después de una larga etapa de frío y silencio, de perderme en tiempos pasados que ya no existen, de no vivir por completo... Sentir, también, que este año llega cargado de emoción por despertar, por salir a la superfície y respirar profundo. Del anhelo de seguir creando memorias, hilando historias y superando retos. De determinación para persistir en la búsqueda de ese espacio donde sentirme libre, donde mostrar sin recelos esa esencia que durante tiempo estuve escondiendo... Hasta ahora.