Vuelve el vaivén


Después de unos meses, cuando ya siento mía esa rutina que estrené a principios de verano, vuelve el vaivén. Esta vez con una propuesta tan anhelada como inesperada, con una oportunidad para seguir ganando experiencia en esta profesión que llegó a mí de forma casual y ha ido entrando en mi vida poco a poco, pero sin vuelta atrás... Empiezo a acostumbrarme a esta sensación de cambio constante que no acaba, a esta vida que se enreda y desenreda sin pausa. Comienzo, también, a intuir que las ganas y el esfuerzo están dando sus frutos y a sentir que, después de todo, estoy consiguiendo deshacer esos miedos tan míos, tomar las riendas y saberme más yo que nunca. Desde hace un tiempo, me encuentro sumergida en una aventura intensa que me emociona, me nutre y me hace crecer a diario. Ayer sumé a mis semanas un día más trabajando en lo que, a pesar de ser todo un reto, me hace realmente feliz. Y por un momento, sólo por un momento, desconecté de todas esas emociones que me sobrepasan, de esa sensación de saturación, de no poder más; de esa mezcla de sentimientos encontrados que me invade –a mí y a muchos– desde hace demasiado. Por un instante, un atisbo de luz en medio de estos días llenos de desconsuelo e incerteza.