Atisbos de luz en la oscuridad


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Llevaba unos días sin dormir bien y esta noche no ha sido distinta. Me acosté muy removida, con un nudo en el estómago y la angustia de no poder procesar la inmensa variedad de sentimientos experimentados en tan sólo unas horas. Incerteza, nervios, tensión, desconcierto; impotencia, tristeza, dolor, miedo, vergüenza. Hoy he despertado igual o más confundida. Incapaz de creer ni asimilar lo que leo, veo y escucho en las noticias desde ayer; asustada al comprobar que –por mucho que cueste creerlo– lo vivido este domingo no fue un mal sueño. Del nudo en el estómago al nudo en la garganta y una sensación de opresión en el pecho. Qué dificil digerir tantas sensaciones desagradables, qué utopía seguir con el ritmo diario, con la normalidad, después de todo, qué presión no saber qué decir, no encontrar respuestas, cuando sientes que ya no hay espacio para el silencio. Después de escribir y reescribir durante todo el día, sigo sin encontrar las palabras para expresar algo tan sumamente complejo. Ante un escenario tan incierto, me quedo con la emoción, la energía y la fuerza de todas esas personas que –aun con opiniones y puntos de vista bien distintos– nos unimos en calma, con empatía y comprensión, paciencia, cooperación y persistencia, respetando las ideas y sentimientos del resto. Sin violencia, en paz, con respeto.