El camino de vuelta a casa


Vuelvo a casa llena de empuje, de energía, sintiéndome más viva. Es tarde, y oscuro. En el ambiente se respira ese olor a otoño que tanto me gusta, ese aire frío que esta época trae siempre consigo y se hace más presente a estas horas, cuando las calles empiezan a quedar vacías, de gente, de prisas. Con una chaqueta demasiado fina para esta noche de viernes, cruzo la calle para subir al autobús que me lleva de vuelta a casa. De camino, pienso en que nada me resulta más reconfortante, en esta vida en la que todo parece ir demasiado deprisa, que este ritmo lento en el que últimamente estoy sumergida.

Esta nueva rutina me regala mañanas silenciosas para escribir, horas para leer, tiempo para dedicar a la fotografía o días de clase como el de hoy, en que las horas vuelan mientras sigo aprendiendo, en que la piel se me eriza en más de una ocasión al oír lo que cada profesor nos cuenta con tanta emoción. El invierno se acerca pero yo, yo no puedo evitar sentir como todo florece de nuevo. Estos días despierto temprano, con la luz entrando de forma sutil por la ventana y el propósito de aprovechar la jornada. Abandono la calidez de las sábanas y, con decisión, me enfrento a ese frío que ya se ha vuelto habitual en las mañanas. Aún con los ojos entrecerrados, busco abrigo en ese holgado jersey de lana que anoche dejé cerca de la cama. Ando despacio hasta la cocina y me preparo una taza de leche con cacao bien caliente. Casi arde. Reposo mis manos sobre ella buscando calor y el día empieza, mientras escribo y el silencio lo invade todo, dentro y fuera.

Sin embargo, en medio de este ritmo más relajado, sin apenas rutinas ni tiempos marcados, también hay días en los que siento que no llego a abarcar todo lo que quisiera, en los que veo como el tiempo se escurre entre mis dedos, atrapada en un mundo de posibilidades tan inmenso que me desborda, en un mar de ideas que se amontonan, que me piden encontrar su momento, su lugar. A veces siento que el impulso de crear es tan fuerte que me frena. A veces olvido que cada paso, por insignificante que parezca en su momento, siempre hace camino; que la inspiración llega mientras uno trabaja, mientras uno dedica tiempo y esfuerzo a lo que sale de dentro, de lo más profundo.

Pero entonces llega una semana como ésta; intensa, de idas y venidas, de días llenos de emociones y complicidad compartida. De avances en proyectos en los que llevo tiempo trabajando despacio y en silencio, de oportunidades que abren paso a nuevos planes de vida y sueños que empiezo a sentir más reales, menos utópicos. Y con una sensación de calidez en el alma que contrasta con el frío de ahí fuera y la certeza de que la vida es un camino inesperado, a veces desconcertante, a veces mágico; cierro una semana llena de luz y agradecimiento.