Lo que nos guardamos


Aquella mañana, al día siguiente de volver de viaje en nuestras vacaciones, hablaba con mi padre, mientras revisábamos nuestras respectivas tarjetas de memoria, cargadas de recuerdos de un verano más. Me contaba, con cierta expresión de asombro, que no lograba entender por qué parece que, en estos tiempos que corren, nos invade la necesidad de mostrar todos los momentos que capturamos, sin excepción. Que él prefiere disfrutar del instante mirando a través del visor de su cámara, de cada click, y después, sentarse a ver el resultado y disfrutar, pero sin esa necesidad de compartirlo.

Con unas pocas palabras, me hizo reflexionar sobre todo lo que enseñamos y cómo dejamos ver esas memorias que tiempo atrás habríamos atesorado en papel. Guardadas en alguna vieja caja de lata, habrían sido disfrutadas después de una comida en família, en una tarde de domingo, entre algunos dulces y el aroma de café recién molido esparciéndose por toda la casa. De pronto, empecé a pensar en el proyecto Nostalgia, en lo compartido y en todo lo que me he guardado, también. Me di cuenta que, en cierto modo, lo que he hecho está a medio camino entre su idea de la intimidad, eso que uno desea conservar para sí mismo, y un ejercicio de sacar afuera el dolor. Hay mucho de mí en ese libro que, si todo va bien, en unas semanas verá la luz, y al mismo tiempo, es sólo una ínfima parte de lo que contiene, en realidad, ese cuaderno, este año, toda la historia que hay detrás. Dejo salir lo que siento que el alma me pedía compartir y, a su vez, también guardo mucho dentro. Con certeza, pero no sin miedo, siento que es tal y como debía ser...

© Fotografía: Grafitogris