Brisa de verano


No nos daremos cuenta y ya habrá pasado otro verano.

 

Hace alrededor de un año, decidí que necesitaba parar, poner punto y aparte, repensar este proyecto y ver dónde quería ir. "Volver a empezar para poder seguir", me repetía. Necesitaba tiempo para estar bien, para ordenar todas las ideas y sentimientos que se agolpaban en mi mente, entender qué significaba para mí todo ésto y adónde quería llegar. Éste ha sido, desde los inicios - allá por 2012 - un proyecto sin grandes pretensiones, que crece a fuego lento y mantengo en voz bajita, siempre en pequeño para poder abarcarlo sin que crezca demasiado. Sólo así puedo seguir creando con calma, sin prisas, como siempre y compaginarlo con todo lo demás. Y de ahora en adelante, con el último año de carrera a punto de empezar, aún con más razón siento que deberá seguir siguiendo así. Hace alrededor de un año, también, decidí desprenderme de todo lo que no me sentía bien haciendo, de aquello que no me encajaba y abrir las puertas a lo que el corazón me pedía hacer. 

Así fue como aprendí, durante unas cuantas semanas de verano, de forma autodidacta y con mucho empecho, a coser a máquina desde cero... De eso hace ya un año y hoy, me encuentro con una segunda pequeña colección entre manos, casi preparada para poder realizar las fotografías que me servirán para presentarla, si todo va bien, en invierno. Recuerdo que mi mayor miedo al empezar a coser era pensar si aquello que estaba a punto de crear, conseguiría mantener el mismo hilo de siempre. Si, a pesar de los cambios, de las nuevas técnicas, de las nuevas sensaciones que quería transmitir, habría algo en aquellos productos que seguiría contando mi historia y transmitiendo los mismo valores que hasta entonces. Volver a la esencia y sentirme, a la vez, más cómoda que nunca con el trabajo realizado con esa pequeña colección, es lo que me ha llevado a seguir en esa dirección y a plantearme una segunda. Hoy, pienso en lo que me movió a querer aprender a coser y me doy cuenta de cuánto he aprendido desde entonces, y en lo mucho que me queda aún por aprender, también. Día a día, puntada a puntada, crece mi idílio con esta forma de crear, dando forma a piezas que nunca pensé que podría llegar a hacer. Pero si hay algo que estoy aprendiendo este verano, mientras trabajo en los proyectos que pronto verán la luz, es a confiar, colaborar y abrir este proyecto a otros... A personas generosas, atentas, dispuestas a poner su granito de arena y lo mejor de sí mismas. Como Cristina, una de esas personas con luz que han traspasado la pantalla y se han convertido en más que alguien con quien colaborar, alguien en quién confiar con los ojos cerrados.