Marzo


Durante esta semana, después de estrenar una nueva etapa de este proyecto, no he parado de hacer listas, dar últimos retoques y envolver productos para que lleguen cuanto antes. No sé si había contando aún que, además de los nuevos aires que respira esta primera colección, uno de los cambios ha sido decidir no preparar stock. Así, cada vez que alguien realiza un pedido me dispongo a confeccionar cada producto, uno a uno, sólo con mis manos. Quizá parezca demasiado lento, pero creo que realizar todo el proceso pensando en esa persona en concreto es algo que lo hace aún más especial.

Se acaba una semana que no ha traido más que alegrías, palabras bonitas y ánimos para seguir con esta nueva dirección con la que estoy cada vez más a gusto. No sé lo que vendrá en los próximos días, pero por el momento, después de tantas dudas y miedos por los cambios, no puedo estar más emocionada y agradecida con la respuesta recibida. Al mismo tiempo, siento que se me hace difícil contar todo lo que no se ve, todo el proceso que ha habido detrás. Confesar que la filosofía que envuelve esta primera colección es algo muy personal, que nace de la necesidad de romper con todo lo que no me convencía y ser yo misma, ahora más que nunca. Contar que producto ha llevado días y días de reflexión, que la bolsita que véis en la fotografía está cosida a mano (y como ella unas cuantas más, una a una, con la ayuda de mamá) o que la caligrafía del packaging está realizada a mano por mí. Explicar que tuve que aprender a coser y bordar, que cada patrón está diseñados desde cero o que confecciono y pinto o bordo cada producto yo misma. Que busco que lo que hago transmita parte de mí, de mi perseverancia y cierto perfeccionismo, cuidado por los detalles y esfuerzo, porque creo que así es como todo acaba saliendo.