Todo ocurre por alguna razón


Hace unos tres años descubrí que, en ciertas ocasiones, las cosas pasan por algo.

Mientras escribo estas líneas, pienso en ese momento en particular. Un cúmulo de acontecimientos hicieron que empezase a estudiar una carrera en la universidad en la que apenas había reparado cuando escribí la lista de preferencias. Más tarde, pude darme cuenta que nunca hubiese encajado en mi primera opción y que lo que hacía, hago y haré, es lo que realmente me mueve, lo que encaja conmigo, lo que tendría que haber buscado desde un principio.

Cuesta deshacerse de una idea cuando has estado dándole vueltas durante tanto tiempo, pero esa vez aprendí que, aunque no lo sepamos, sin ni siquiera planearlo, la vida nos lleva exactamente hacia dónde debemos ir. Y que muchas de las cosas que vivimos, ocurren por alguna razón, aunque en el momento en que suceden no seamos capaces de encontrarles ningún sentido. Así que, quizá, lo mejor de la vida sea aquello sobre lo cual no nos creamos expectativas, aquello que encontramos cuando no tratamos de llegar a ningún lugar en concreto, aquello que no planeamos y simplemente, pasa. Quizá lo importante no es el día que nos encontramos con algo, sino aquél en que de repente, sin más, cobra sentido.