Antiguas costumbres


Antes de subir al coche ya sabía que esos tres días escasos iban a hacerme disfrutar de uno de los mejores momentos de este verano. Un verano de lo más movido y extraño para mí, lleno de cambios y sentimientos encontrados. Somos familia de costumbres y al final siempre acabamos pasando los últimos días del verano antes de empezar la rutina, por pocos que sean, en la Costa Brava. Y este año, aun echando de menos y cambiando algunas cosas, no hemos roto con esa bonita costumbre.

El tiempo sólo nos permitió disfrutar plenamente del agua el último día. A cambio, pudimos aprovechar el viaje visitando pueblitos cercanos al lugar donde nos alojamos. Hay algo mágico en el mar. Esa sensación al observar un horizonte infinito. De tener arena hasta el último rincón de cuerpo, el pelo alborotado, lleno de salitre y que nada de eso importe lo más mínimo. Respirar profundo, dejarse llevar. Algo parecido sentimos todos al estar de vacaciones, sea donde sea, ¿verdad? Porque nos pasamos el año contando los días para disfrutar de estos momentos de tranquilidad, de tiempo para recrearnos en lo que nos hace más felices, de bajar el ritmo, de desacelerar. Ojalá seamos capaces de recordar esa sensación de libertad, de disfrutar cada minuto con intensidad, ahora que es momento de retomar las rutinas.