A 7.023 km de distancia


Cincinnati, Ohio, EE.UU, ni más ni menos que a 7.023 km de Barcelona. Allí, a semejante distancia, estará él durante los próximos nueve meses, cumpliendo uno de sus sueños y aprovechando una de esas oportunidades que no se pueden dejar escapar. Y de un tiempo a esta parte, he oído de todo. Personas que, sin preguntar, daban por hecho que aquí acababa todo (aún después de cinco años juntos a nuestras espaldas) y otras que afirmaban con contundencia que las relaciones a distancia 'no funcionan, nunca'. Al principio, cuando la decisión aún no estaba tomada y todo eran suposiciones, alguien me planteó si estaba dispuesta a 'dejarle marchar'. Una vez leí que "el amor es libre, no exige, no quiere cambiar al otro, no es posesivo". Para mí querer es un tira y afloja, un día tú y otro yo. Nadie sabe lo que está por venir, quizá un día sea yo quién encuentre una oportunidad que no pueda rechazar. Pero sobretodo, porque creo que nadie puede decidir por otro, aunque sea su pareja. La verdad es que hay muchas cosas que no tengo claras y otras tantas que me dan miedo, sí, mucho, por supuesto. No sé como irá todo entre nosotros a partir de ahora, si las llamadas por Skype ayudarán a llevarlo mejor o si existe una fórmula mágica para mantener una relación a distancia. A una distancia de esas que no se salvan con una escapada el fin de semana o una visita inesperada de mes en mes. Y así, con el Atlántico de por medio pero con muchas ganas de seguir viviendo aventuras "juntos", empezamos un nuevo reto y una nueva forma de ser dos en uno. Porque confío en que cuando dos personas se quieren y se valoran la una a la otra, siempre encontrarán una forma de que funcione. No importa lo difícil que pueda llegar a ser, las horas de diferencia o los kilómetros que nos separen. Sólo queda disfrutar de las pequeñas cosas de cada día y hacer lo duro un poco más bonito, ¿verdad?