A 7.023 km de distancia


Cincinnati, Ohio, EE.UU. A 7.023 km de Barcelona. Allí, a semejante distancia, estará él durante los próximos nueve meses, cumpliendo uno de sus sueños y aprovechando una de esas oportunidades que no se deben dejar escapar. Desde el momento en que supe que este día llegaría, infinidad de puntos de vista al respecto: mientras unos han dado por hecho que aquí acababa todo, otros han afirmado con rotundidad que las relaciones a distancia nunca funcionan. Cuando la decisión aún no estaba tomada y todo eran simples suposiciones, alguien llegó a plantearme si dispuesta a «dejarle marchar», ¿pero quién es nadie para cortar las alas del otro; quién es nadie para decidir cuáles serán nuestros próximos pasos? En los últimos meses he oído de todo, pero nadie, ni siquiera tú y yo, sabemos lo que está por venir. Reconozco que hay muchas -muchísimas- cosas que no tengo claras y otras tantas que me dan miedo, mucho. No tengo ni idea de como serán las cosas a partir de ahora; si las videollamadas ayudarán a llevarlo un poco mejor o si existe una fórmula mágica para no dar la razón a quienes afirman que éste será un reto imposible, si encontraremos el modo de sobrellevar una distancia de esas que no se salvan con una escapada el fin de semana o una visita inesperada de mes en mes. Confío en que encontraremos la forma de que funcione; en que, a pesar de lo difícil que pueda llegar a ser, las horas de diferencia o los kilómetros que nos separen, podremos seguir disfrutando de las pequeñas cosas de cada día. Así, con el Atlántico de por medio y la ilusión de seguir hilando esta historia «juntos», empezamos un nuevo reto, una nueva forma de ser dos en uno.