Gracias, mamá


Si hay alguien que nos va a querer siempre, ésa es mamá. Esa persona que, desde el momento en que supo que llegaríamos al mundo, nos ha entregado todo lo que tiene, sin pensarlo dos veces. Su tiempo, su dedicación, su atención, su cariño... todo y sin pedir nada a cambio, sacrificándose infinitud de veces sin que nos hayamos dado cuenta. Por eso hoy, pero también siempre, deberíamos darle las gracias a esa persona capaz de querernos sin límites: tanto si reímos como si lloramos, si tenemos suerte o si nos equivocamos; que nos perdona los errores más grandes y nos consuela incluso cuando no la escuchamos. Gracias mamá, por regalarme tus ratos libres, por los despertares y las noches en vela, por tus remedios caseros como aquel pañuelo impregnado de colonia que me ponías en el cuello cuando la tos no me dejaba dormir... Por acompañarme a todos lados, aguantar bailes y competiciones, por enseñarme a crecer creyendo en mí, por darme tu confianza, tu ayuda y tus abrazos cuando más los he necesitado. Por darme la oportunidad de llegar a casa y tener a alguien que me escuche y consuele con paciencia, que me ayude con amor y siempre me comprenda. Gracias mamá, por hacerme sentir la persona más feliz cuando estás a mi lado. Gracias mamá, por todo esto y mucho más. Es extraño pensar que eres de las pocas persona que puedo estar segura que nunca me dejará, pase lo que pase. Esa persona en la que sé que puedo confiar absolutamente siempre, que nunca falla y que me seguirá escuchando por muy de memoria que se sepa cada una de mis historias. Alguien con quién siempre puedo contar, por mucho trabajo que tenga, que me sigue dando sus maravillosas ideas, que siempre tiene razón (muy a mi pesar). Porque sin ti no estaría hoy aquí escribiendo...

Gracias una y mil veces, mamá.