Retraso vs. trastorno del lenguaje


Los retrasos en la adquisición y desarrollo del lenguaje son el problema más común en el neurodesarrollo infantil y el motivo de consulta más frecuente en los servicios de atención temprana. De hecho, se estima que actualmente 1 de cada 7 niños habla más tarde que el resto de los pequeños de su edad. Como vimos en el último artículo, hay una serie de signos que nos pueden hacer sospechar de la presencia de un problema, más o menos grave, en el desarrollo de la comunicación y/o el lenguaje. Ante estas dificultades, es importante diferenciar entre el “retraso del lenguaje" y el “trastorno específico del lenguaje":

Retraso del lenguaje (RL)

El retraso simple del lenguaje es un desfase cronológico en la adquisición de los aspectos del lenguaje en pequeños que no presentan dificultades en el desarrollo que se caracteriza por dificultades que pueden ser compensadas con una buena estimulación por parte del entorno y una intervención logopédica adecuada. La criatura no presenta problemas para comprender el lenguaje y muestra intención de comunicarse con los demás (emite sonidos, hace uso de gestos, disfruta con las interacciones sociales...), pero las primeras palabras aparecen de forma tardía (hacia los 2 años), le cuesta aumentar su repertorio léxico (vocabulario) y en consencuencia, iniciar la combinación de palabras (frases).

Hablamos de retraso y no de trastorno porque, a pesar de que la adquisición del lenguaje se producirá de forma más tardía (un año o año y medio más tarde, aproximadamente), si las dificultades son compensadas con una buena estimulación por parte del entorno, el pequeño acabará desarrollando los hitos siguiendo los patrones evolutivos estándar y el desajuste transitorio no tendrá repercusiones en el desarrollo posterior. Lo más importante, por lo tanto, es que las personas que rodean a la criatura sean sensible a sus conductas y le estimulen para que se exprese. Si el niño/a siente que los demás no le entienden y no hacen esfuerzos para comprender qué quiere decir, puede sentir decepción, frustración o enfado, manifestar problemas de conducta (como morder, pegar, tirarse por el suelo...) o dejar de hacer esfuerzos para comunicarse, lo que podría dar lugar a una permanencia de las dificultades.


Trastorno Específico del Lenguaje (TEL)

El Trastorno Específico del Lenguaje se define como un inicio tardio y un desarrollo lento del lenguaje que no se explica por la presencia de déficits a nivel sensorial, motor, intelectual o socioafectivo, trastornos psicopatológicos ni lesiones cerebrales. Hablamos de trastorno específico porque afecta de forma concreta al lenguaje en sus diferentes niveles (fonética, fonología, léxico, semántica, sintaxis, morfología y pragmática). La criatura presenta problemas en la comprensión y/o la expresión del lenguaje, errores atípicos que no se corresponden con los patrones de evolución estándar o normativos, unas dificultades que acostumbran a ser más resistentes al tratamiento y una evolución más lenta que en el retraso simple.

El nivel lingüístico es inferior al de los pequeños de la misma edad (con un retraso de, como mínimo, 12 meses), los problemas se hacen evidentes en las primeras etapas de la adquisición (2-3 años) y el diagnóstico suele realizarse hacia los 5 años. Si bien la criatura sigue un buen desarrollo en el resto de aspectos, los déficits comunicativos y lingüísticos pueden dar lugar a afectaciones en las relaciones sociales, la conducta o los comportamientos básicos para el aprendizaje (habilidades comunicativas, atención, imitación verbal o seguimiento de instrucciones), lo cual podría afectar al rendimiento académico posterior. Los déficits tienen un carácter evolutivo, lo que significa que si no se inicia una intervencióna adecuada lo más pronto posible, los problemas podrían ir agravándose con el paso del tiempo y el pequeño podría acabar recibiendo un diagnóstico más grave. Del momento de detección e inicio de la intervención dependerá, en gran medida, que se puedan conseguir una buena evolución y pronóstico.

Referencias bibliográficas