El papel del adulto en el juego infantil


Como veíamos en el primer artículo sobre el juego, este es importante en el desarrollo sensorial, motor, cognitivo, social y afectivo de los pequeños. Jugando, niños y niñas descubren quiénes son, qué pueden hacer y cómo pueden relacionarse con el entorno, conocen el mundo que les rodea e imaginan otros nuevos, adquieren habilidades y conocimientos, aprenden a tomar decisiones y buscan estrategias para resolver los problemas y retos con los que se van encontrando. La familia, como primer contexto natural de relación, es también el primer contexto de juego del pequeño y por esta razón, el adulto tiene un papel clave a la hora de crear situaciones y espacios que favorezcan y estimulen el juego infantil. De hecho, ya en los primeros meses de vida, adulto y niño comienzan a compartir interacciones lúdicas, a través del juego funcional o sensoriomotor, donde se establecen los primeros vínculos afectivos.

El juego es una oportunidad de oro para los adultos de compartir tiempo de calidad con los pequeños y al mismo tiempo, permite crear una interacción satisfactoria para ambas partes. Mientras el niño se siente querido, cuidado y apreciado (lo cual le proporciona seguridad y confianza y favorece un buen desarrollo a todos los niveles), el adulto aprende qué le gusta, qué es capaz de hacer y cómo reacciona ante diferentes estímulos y situaciones. Para el pequeño, que el padre o madre esté presente en el juego tiene un gran valor porque significa que reconoce que es importante y supone la dedicación de tiempo y atención, la escucha de sus necesidades, deseos y demandas y, en definitiva, el acompañamiento en su crecimiento.

A pesar de la importancia de que los adultos compartan momentos de juego con los pequeños, se ha visto que cada vez los niños juegan más solos. Esto se explica por factores como el estilo de vida actual (con un ritmo acelerado y poco tiempo libre para poder disfrutar en familia), cambios en la estructura familiar, problemas socio-económicos, una mayor atención a las actividades académicas en detrimento de las actividades más lúdicas o el aumento del uso de aparatos electrónicos (televisión, móvil, tablet, ordenador…), entre otros. No obstante, hay que tener en cuenta que esta no es una cuestión de cantidad, sino de calidad. Así, para influir de forma positiva en el juego, lo esencial es valorar su importancia y saber aprovechar las ocasiones que surgen, por mínimas que sean, para jugar con el niño o niña. El juego debe ser una actividad donde prestar atención al pequeño, sin pensar en otras cosas, sin prisas, con ilusión y ganas, aunque sólo sea durante unos minutos.

En este sentido, la clave es encontrar un equilibrio entre jugar con el niño y dejar que desarrolle su autonomía y creatividad: crear un ambiente relajado, agradable y acogedor en que el adulto muestre una actitud de ayuda, pero que, al mismo tiempo, deje libertad para explorar. En los ratos de juego, la tarea más importante del adulto (padres, cuidadores, educadores…) es la de generar situaciones lúdicas donde el niño o niña pueda “jugar por jugar”. Y es que cuando el juego es libre y es el pequeño quien dirige la actividad, pone en funcionamiento habilidades para la toma de decisiones, tiene la oportunidad de encontrar sus propios caminos y, en consecuencia, puede descubrir cuáles son las áreas que más despiertan su interés.

Así, es fundamental que el adulto adopte un rol de acompañante y al mismo tiempo facilitador del juego, proporcionando el espacio, tiempo, material y ambiente más adecuados, pero siendo el pequeño quien guíe la actividad en función de sus capacidades e intereses en cada momento. Al mismo tiempo, es importante tener cuidado de no transformar el juego en un escenario donde proponer determinados aprendizajes de forma sistemática y evitar, así, la estimulación constante del niño o niña. Si bien es cierto que el juego tiene un papel clave en el desarrollo y el aprendizaje infantil, es, por encima de todo, una vía de expresión y comunicación entre el pequeño y el adulto que permite conocerse mejor y reforzar las relaciones entre ellos, un espacio donde surgen emociones y se crean recuerdos, una oportunidad de disfrutar de un rato juntos.

Referencias bibliográficas

 

© Fotografía: Marta Villacampa (Lens and Sensibility)