Mi nombre es Laura y nací en Barcelona una tarde de febrero de hace veinticuatro años. Despertar temprano con las primeras luces del día, las emociones compartidas, escuchar las historias de las personas que me rodean, la belleza de lo cotidiano o la naturaleza en todas sus versiones son sólo algunas de las cosas que más me conmueven, que más me inspiran. La logopedia es mi profesión y la escritura y la fotografía, las formas en que mejor consigo expresar cómo veo y siento la vida.

Aunque miles de pensamientos habitan mi mente a diario; a menudo no hablo, prefiero escuchar. Creo que no es sólo porque sea tímida y de sentirme más cómoda en las distancias cortas, sino también –o sobre todo- porque necesito tomarme tiempo para observar y comprender mis pensamientos antes de dejarlos salir. Supongo que por eso la escritura es el modo en que mejor consigo expresarme; como quien susurra un secreto al oído, eligiendo las palabras con máximo cuidado antes de dejarlas fluir y descubriéndose sin alzar la voz. Escribir es algo que viene de tan lejos, que hago desde hace tanto, que no soy capaz de precisar en qué momento lo descubrí, cuándo fue que me di cuenta que pocas sensaciones eran comparables a lo que sentía jugando con el lenguaje, entrelazando letras. Textos que surgen de la urgencia de dar sentido a ese raudal de emociones que no puedo frenar, de la necesidad de ordenar pensamientos que se agolpan en mi mente o mirar hacia adentro para entenderme; que me permiten dejarme ser sin miedos ni artificios, con libertad y desde lo más profundo.

Durante el verano de 2012, justo antes de entrar en la universidad y en un momento lleno de cambios y incertidumbre sobre el futuro, necesité poner en orden todas esas sensaciones en una hoja en blanco, un cuaderno que olía a nuevo. Aquí fue donde volví a encontrar tiempo para mí, para escucharme, reencontrarme y comprenderme... y donde hoy, seis años más tarde, sigo descubriéndome. Un espacio siempre en constante cambio, un lienzo que va llenándome de trazos improvisados, sin reglas ni límites, sin fechas ni tiempos marcados; un fiel reflejo de lo que soy en cada momento, mientras trato de encontrar mi verdadera esencia, mi propia voz en este mundo salvaje.

¿Me acompañas?